¿Quién no ha sentido alguna vez la experiencia de quedarse en blanco en un examen, el miedo a suspender o la ansiedad por enfrentarse a una prueba académica?
Estaréis de acuerdo conmigo en que cuando uno ha estudiado para preparar un examen, los nervios son prácticamente inevitables, mientras que si no se ha estudiado, nos embarga la sensación de "lo tengo todo perdido" y estamos completamente tranquilos.
En el primer caso, un poco de ansiedad es positiva y así lo afirman los psicólogos y pedagogos, ya que ésta aumenta nuestra motivación y facilita el rendimiento.
Pero también es cierto que unos nervios excesivos son negativos y constituyen una experiencia muy desagradable.
En mi vivencia como profesora y antes como alumna, he visto de todo: sudores, palpitaciones, dificultad para respirar, etc... y, lógicamente, he podido compropbar que estos "síntomas" repercuten negativamente en el rendimiento económico, ya que impiden o dificultan la concentración y la capacidad para procesar la información, así como la memorización, además de deteriorar el recuerdo de lo estudiado.
Por eso, los orientadores escolares nos proponen una serie de medidas que nos permitirán controlar la ansiedad:
1- En los días previos a un examen, deben seguirse
hábitos de vida saludables, como comer y dormir bien, hacer deporte que nos ayude a liberar tensiones o incluso tomar algún suplemento vitamínimo que favorezca la concentración. (Por supuesto, jamás debe recurrirse a sustancias ilegales o a mezclas extrañas de sustancias legales, que de todo he visto últimamente entre el alumnado...).
2- Es imprescindible aprender a
estudiar adecuadamente y a planificar y organizar nuestro tiempo (no sólo de estudio, también nuestro tiempo libre).
Es mejor media hora de estudio bien aprovechada que toda una tarde delante de un libro pensando "en las musarañas".
3- A la hora de aprender un tema, es muy útil preparar un esquema o un resumen del mismo. Además, esto nos permitirá repasar con mayor rapidez una vez aprendido.
4- Existen técnicas de relajación que pueden sernos de gran ayuda: la respiración abdominal, tensar y relajar los músculos, etc...
5- No sólo en éste, sino en todos los aspectos de la vida, HAY QUE PENSAR EN POSITIVO. Aun a riesgo de pecar de optimismo, siempre es mejor decir "puedo aprobar" que "voy a suspender".
En este sentido, hay que evitar a los pájaros de mal agüero que nos hacen dudar de nuestra preparación.
6- Ya durante el examen, hay que leer los enunciados de las preguntas con atención y, una vez más, planificar nuestro tiempo.
7- Siempre siguiendo en nuestra línea de positividad, si estamos nerviosos es preferible "perder" un par de minutos y respirar profundamente antes de lanzarnos a contestar a la desesperada. Una vez relajados, es mejor contestar en primer lugar las preguntas que nos sabemos mejor, ya que esto hará que nos vayamos tranquilizando a medida que vemos que somos capaces de responder a ciertas cuestiones y afrontaremos el resto del examen con una mayor seguridad.
8- Por último, me gustaría incidir en un aspecto, que no por sabido, carece de importancia: SIN ESTUDIO NO HAY BUENOS RESULTADOS. Es decir, a todas las pautas anteriores hay que sumarle una buena dosis de "jarabe de codos", sin la cual, y por muy relajados que nos enfrentemos a un examen, no hay aprobado posible.